Cita:
Soy usuario de iPhone desde prácticamente un mes después de ponerse a la venta en Estados Unidos. El primero de mis iPhones lo adquirí a través de un contacto que un amigo mío tiene en ese país, y no uno, sino dos fueron los que fuimos a recoger personalmente en Aduanas, uno para él y el otro para mi, ambos con el recargo-apuñalada correspondiente. Al cabo de unos pocos meses, cuando apareció la versión de 16GB, me espabilé para vender mi anticuado 8GB y adquirir el nuevo, procedente de Inglaterra. Me considero por tanto lo suficientemente válido como para emitir una opinión fundada acerca de él, y sin reparos respondo cuando se me pregunta cualquier cosa de este dispositivo.
Como no podría ser de otra forma, y como ferviente poseedor de este artilugio, se me aceleró el pulso cuando haces pocos días el tío Jobs anunciaba las nuevas características de la nueva versión del sistema operativo del iPhone, poniéndose mis pelos como escarpias con cada dato que se daba acerca de él. El momento de máximo clímax llegaba con la presentación del ansiado nuevo iPhone 3G, momento en que casi a la par decidía poner a la venta mi anticuado iPhone de 16GB, movido también por el miedo escénico de una probable pérdida de valor en el mercado de segunda mano. Dicho y hecho, iPhone puesto a la venta e iPhone vendido. Capítulo aparte sería lo que ocurrió en el momento de entregar en mano mi iPhone al comprador, algo que aún hoy me palidece el rostro, pero como no tiene nada que ver con el tema principal me reservo para mejor ocasión.
Antes que un iPhone, mi dispositivo móvil principal había sido desde hace muchos años el binomio Pocket PC - Symbian para pasar a ser poco después, únicamente un Pocket PC con telefonía integrada. Por tanto, también me considero válido para emitir opiniones con fundamento acerca de la plataforma Pocket PC en cualquiera de sus variantes, ya que conozco de primera mano los entresijos de estos dispositivos. Así pues, usuario de Windows Mobile primero y OS X después me encuentro en la tesitura de haber vendido todos mis dispositivos esperando el momento de adquirir el mes próximo un iPhone 3G, con el convencimiento de que no hay nada más en el mercado que se adapte a mis necesidades. Este pasado viernes pido socorro a un buen amigo, explicándole que lo de los puntos Movistar es el timo de la estampita y que necesito un móvil para pasar un mes sin tener que gastarme 100 euros en un Motorola del pleistoceno. Ni corto ni perezoso me dice que me deja un E90, que lo cuide pero que tampoco me preocupe, que lo tiene de repuesto de otro Nokia que usa habitualmente. Olé, ya tengo móvil.
Desde este viernes pues, dispongo de un E90. Para ser sinceros es la primera vez que trasteo un chisme de estas características. Sistema operativo Symbian S60, sin pantalla táctil pero teclado físico y con unas medidas bastante desmadradas. La primera impresión que tuve el viernes al cogerlo fue la de tener un ladrillo con botones en las manos. Pensé que no era plan reprocharle su oferta, y tenía que aguantarme durante un mes, por haber vendido mi iPhone por un miedo probablemente infundado a una hipotética devaluación.
Sábado por la mañana. Instalo el Nokia Updater y le meto el último firmware. ¿El porqué? Pues porque aunque no sepas qué lleve hay que tener lo último y punto. Empiezo a trastear con él. Es 3G. Bueno, 3.5G. Anda!, lleva GPS. Y WiFi!. Bluetooth era de imaginar. Voy a enlazarlo con el iMac. Umh, el iSync necesita un parche, pero ya está, en la web de Nokia te los descargas y a funcionar. Joé que bien, todos los contactos del iPhone en el E90, con todos sus datos e incluso las fotos. Espera, que tiene una ranura MicroSD. Le meto Sygic (el nuevo TomTom), y a la primera arranca y me posiciona. ¡Dentro de casa!. Seguimos. Hay un software instalado de serie que se llama QuickOffice. Metámosle un excel a ver qué pasa. ¡Madre mia! Me acabo de acordar de Palm y cómo Documents to Go abría excels en mi viejísima Tungsten, a una velocidad a años luz de Windows Mobile. Voy a meterle un excel de 8MB a ver qué pasa. Joé, que rápido!. Vamos a ver el correo electrónico. Le doy al botón mensajes y me aparece el centro de mensajería del E90. Desde envíos de SMS a correo electrónico o el servicio de Windows Live. Configuro mi cuenta como IMAP y en pocos segundos tengo todo mi correo en el E90. Puedo abrir adjuntos que en el iPhone no podía, ¡que bien!. Pruebo un PDF que tengo en el iMac. Justo cuando voy a buscar el cable miniUSB recuerdo que puedo mandarlo por Bluetooth al dispositivo (había perdido la costumbre), y en pocos segundos lo tengo. Lo abro. ¡Magnífico!. Dispone de un navegador web completo, tiene instalado Flash Lite 3 (el que permite ver vídeo en formato Flash) y reproduzco sin problemas el m4a del Podcast de Todo Pocket PC. Puedo meterle aplicaciones Java, por lo que me apresuro a descargar Opera Mini, para cuando esté en zona GPRS o bien tenga el saldo 3G a punto de decir basta.
No puedo reprimir mi asombro y me lanzo el sábado al mediodía, ese momento glorioso que es cuando los críos duermen la siesta y las mujeres leen sus revistas o miran la televisión, para encerrarme en la sala de máquinas para seguir buscando cosas para el E90. Resulta que hay un buen número de programas indispensables, entre ellos los de Epocware. Entro en su web y la saqueo, descargo todas las trials y las pruebo. Uno de esos programas me encanta, y me resulta extremadamente útil: Un simple administrador de perfiles. A tal hora pongo el E90 en modo silencio y a tal hora con el volumen a todo trapo. También tienen un gestor de tareas, un conversor, alarmas y diccionarios. Entro en la web de Nokia y me descargo una aplicación que me resulta también muy útil, el Sports Tracker. Es un simple programa cuyo propósito es controlar distancias y velocidades cuando practicas deportes como ciclismo, senderismo o si sales simplemente a correr. Se auto-bloquea para que no lo pares por accidente, pone al E90 en modo de bajo consumo y puedes disfrutar de él durante casi todo un día sin miedo a que se te acabe la batería.
Ahora mismo en mi mente hay un conflicto. El iPhone 3G puede que sea finalmente un dispositivo útil a diferencia de lo que es actualmente, un dispositivo bonito. Puede que mi E90, presente en el mercado desde hace casi un año, esté muy por delante del iPhone sin yo saberlo incluso teniendo en cuenta los programas que puedan salir gracias a la publicación del SDK. Para Symbian hay un catálogo de programas que en la Store de Apple no veremos en años. El E90 es feísimo externamente pero cómodo. Es libre, no tengo que estar pendiente de permanencias, puedo volver a usar archivos excel como antaño en Palm y puedo enviarle a mi padre una foto por Bluetooth de su nieto.
Con el iPhone, cuando iba a ver un cliente, me decía ‘Que bonito’, y entonces le enseñaba las fotos, el dialer y cómo giraba la pantalla. Con el E90 mis clientes dirán ‘Vaya ladrillo de teléfono que usas’ pero lo realmente importante es que me será infinitamente más útil. Me siento un poco panoli por haber descubierto tan tarde que hay vida más allá del iPhone. Francamente, ahora mismo ya no tengo tan claro qué tengo que hacer.
Si la economía lo permite me inclino por:
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